Escrito por Carlos Tomassino Lunes, 14 de Diciembre de 2009 00:00
- Hola… - dije, y empecé a sacar las llaves de la puerta. Miré hacia donde estaba el escritorio de Gisela y la vi, sonriente, vivaz, detrás del monitor.
Me mirĂł y dijo:
- ¡Hola! Que bueno que viniste temprano… ¿Cómo estuvo el Congreso?
- ¡Bárbaro! – dije yo encaminándome hacia mi escritorio.
“Soy un desatento”, pensé y volvà sobre mis pasos para cumplir con la práctica del beso… Tras el mismo, llegué a mi escritorio y sonreà interiormente, al ver que todo estaba limpio, la máquina ya en funcionamiento, la luz tenue que me gusta…

















































